Este año, Puebla enfrenta un desafío crítico debido a las intensas lluvias que han provocado el desbordamiento de la presa Manuel Ávila Camacho, ubicada en Valsequillo.
Este fenómeno, que se repite cada década, ha llevado a expertos del Centro Universitario para la Prevención de Desastres Regionales (Cupreder) y especialistas en hidrología a realizar un monitoreo exhaustivo en la ribera del Río Atoyac.
Durante su recorrido, los investigadores, encabezados por el hidrólogo Joel Gutiérrez, documentaron el alarmante aumento en el nivel del agua del embalse, también se preocupan por el color opaco y el mal olor que emana, lo que sugiere un grave problema de contaminación.
Un punto crítico que los académicos señalaron es la responsabilidad de la empresa Agua de Puebla. Según el contrato de concesión que tiene con el estado, esta empresa debe tratar el agua antes de que llegue a los ríos.
Sin embargo, la evidencia sugiere que esto no se está cumpliendo, lo que agrava la situación ambiental de la región y pone en riesgo la salud de las comunidades aledañas.
El agua excedente de la presa, que se vierte en el Río Atoyac, se dirige finalmente al Balsas, un sistema hídrico vital para la región. Sin embargo, la calidad del agua que fluye a través de estos cuerpos es cada vez más preocupante, y los impactos podrían ser devastadores tanto para el ecosistema como para la salud pública.
La situación requiere atención inmediata. Los estudios realizados por los expertos no solo son una alerta sobre el estado actual del agua, sino que también llaman a la acción por parte de las autoridades y de la empresa responsable.
Es fundamental que se implementen medidas efectivas para el tratamiento del agua y la gestión de los recursos hídricos, antes de que el problema se convierta en una crisis aún mayor.
