Puebla tocó fondo

Por Carlos Hernández Reyes

 

La Franja tocó fondo, llegó al lugar que es su preferido en las últimas tres décadas y del que parecía haberse olvidado en los dos torneos recientes. Atrás quedaron las dos liguillas, y el haber quedado en semifinales del certamen pasado; ahora es diferente, la angustia regresó y con ella la incertidumbre.

Cero victorias en seis jornadas disputadas y apenas tres empates, es el saldo anémico de Puebla hasta ahora. La derrota contra Pumas, que llegaba a ese compromiso dominical como el último lugar porcentual, no sólo dejó en claro que los pupilos de Nicolás Larcamón, no tienen la calidad suficiente para pelear por sitios protagónicos, aunque tampoco la garra que les caracterizaba con este desconocido técnico argentino que vino a México a sorprender a propios y extraños con buenos resultados con un equipo limitado.

Para el torneo en curso La Franja tiene de nuevo una escuadra corta en hombres y calidad. Dejaron ir a Omar Fernández, Santiago Ormeño y Salvador Reyes, que brillan en otros clubes, y no trajeron sustitutos de calidad. Pablo Parra está lejos del colombiano. No se sabe de qué juega, y su aportación es mínima hasta ahora; Fernando Aristeguieta es un guerrero que, sin balones, tiene que salir de su área, dejando de ser para lo que vino, el goleador.

Para colmo, la lesión de Daniel Aguilar agravó la situación porque era el más cercano a realizar lo que hacía Salvador Reyes. Javier Salas sin el ahora americanista, está lejos de ser el jugador eficiente en la media cancha.

Estar en lo bajo de la tabla general, no es casualidad. Es el castigo a la mala planeación, al creer que de nuevo se tendría un torneo bueno con elementos de bajo perfil. La culpa es de los directivos por no invertir de buena manera, y también del timonel por aceptar un plantel corto en todos los sentidos. 

Culpar sólo a los de pantalón largo no parece correcto, ya que Larcamón también es responsable de lo que sucede, por no pedir refuerzos verdaderos, y por dar la impresión de que su sistema de juego ya no funciona. El equipo incómodo que fue el torneo pasado, parece que es parte del olvido; se ve ahora entregado, resignado a su suerte luego de verse abajo en el marcador. Ante Pumas fue ampliamente dominado, y aún así tuvo dos claras oportunidades en la primera parte; con el 1-0 se desdibujó y ya no fue capaz de reaccionar. Eso es lo triste porque un plantel modesto, debe suplir eso con entrega y determinación; pelear cada balón con fiereza tendría que ser la tónica y este Puebla dejó de hacerlo.

¿Qué sigue? Afrontar lo que resta del torneo con la idea de intentar salvarlo y tratar de llegar al menos a la repesca. Obvio que se requieren más jugadores para suplir a los mencionados y como eso parece que no se dará, entonces cerrar con la mayor dignidad el certamen, con la meta puesta en armar una escuadra competitiva que regrese al protagonismo y no a los lugares de vergüenza como era la costumbre hasta antes de las dos liguillas previas.

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