El adiós de Ramos y Zidane: una oportunidad inmejorable para el madridismo 

 

Por Marco Javier Sedas

 

La hora de la verdad en el futuro de Zinedine Zidane ha llegado: el entrenador francés le ha comunicado en las últimas veinticuatro horas a su entorno, jugadores y directiva la irrevocable decisión de abandonar la dirección técnica del Real Madrid, a pesar de contar aún con contrato vigente. La noticia conmocionó a la institución merengue, en medio de un periodo de enorme incertidumbre: el estadio Santiago Bernabéu en etapas avanzadas de remodelación, la inminente salida en el mercado de verano del capitán Sergio Ramos, la culminación de una decepcionante temporada con cero campeonatos conseguidos, y una desbordada ambición por la posible incorporación del francés Kylian Mbappé.

El comunicado deja a un Real Madrid tambaleante a horas del otro hito futbolístico de la semana, en la que se vio seriamente afectado: la convocatoria para la Eurocopa de Naciones, en las que ningún elemento merengue ha sido requerido por la Selección Española. Lo de Zidane solamente alimenta las incógnitas de una temporada 2021-2022 que se antoja de transformaciones en la Casa Blanca. La posible salida de pesos pesados en el plantel como Eden Hazard, Raphael Varane y Sergio Ramos, aunado al interés madridista de futbolistas en la élite y la reincorporación al primer equipo del galés Gareth Bale tras un año cedido en el Tottenham de Inglaterra. 

Lo más desconcertante, parece ser, es la repetición de un patrón que el Real Madrid ha adolecido desde inicios de siglo: las complicadas despedidas de sus figuras y leyendas. El historial de bajas en la institución merengue es convulsa, si se revisa a detalle las formas en las que han partido sus máximos referentes de la era moderna: Raúl González, Iker Casillas y Cristiano Ronaldo. Todos ellos enfrentaron cuestionamientos de amplios sectores del club, y fueron incapaces de colgar los botines en el equipo de sus amores. A todos les rodeó en sus últimos meses con la camiseta merengue un ambiente de tensiones, dimes y diretes, y confrontaciones declaradas con los altos directivos madridistas. 

Lo más sorprendente de todo: Iker, Cristiano y Raúl padecieron la dureza y el reproche del madridismo a poco tiempo de haber conseguido éxitos rotundos con la institución: Iker tras la obtención de la décima “Orejona”, Raúl a dos años de ser bicampeón de Liga en España y Cristiano Ronaldo después de erigirse líder del Real Madrid tricampeón de la Liga de Campeones de la UEFA. Aquellos logros no atenuaron lo ríspida de las partidas para los tres emblemas blancos: sin despedida oficial, discretamente, por la puerta de atrás.

Se le puede atribuir a la histórica exigencia de ser el club más laureado de todos los tiempos en el balompié, al máximo compromiso que implica vestir la camiseta del 34 veces campeón de Liga y 13 veces monarca de Europa, pero la realidad es que el madridismo se ha acostumbrado con los años a la frialdad y el hermetismo al momento de darle el adiós a sus mayores emblemas. Con Ramos y “Zizou” la tónica está cerca de materializarse una vez más. En el caso de Ramos, el tema salarial y el “tira y afloja” que ha protagonizado con Florentino Pérez a lo largo del año puede ser la razón definitiva del andaluz para buscar fortuna en otras latitudes: Manchester United parece uno de los destinos más probables para el internacional español. 

En el caso del francés, el desgaste habitual de un puesto de máxima exigencia como el de director técnico de Real Madrid, y una infructuosa segunda etapa al frente del club -en la que solamente fue capaz de consagrarse en la Liga 2019-20- se erigen como los principales motivos de su ya anunciada partida de Valdebebas. En cualquiera de los casos, al madridismo no se le puede ni debe olvidar que los éxitos recientes del club -tres Champions seguidas, un dominio sin precedentes en la era moderna de la más importante competición de clubes en el mundo- tienen como principales artífices a Ramos y a Zidane. Junto a Cristiano Ronaldo, por supuesto. 

El Madrid tiene la oportunidad inmejorable de mostrar a Zidane, una gratitud más que merecida al genio detrás de la 11va, 12va y decimotercera. A un elemento madridista total: futbolista, técnico y figura en ambos roles. Y el rostro del madridismo más noble, ganador, competitivo y esforzado. Así como a Ramos, el futbolista que no obstante no ser canterano del club siente los colores de la institución como nadie. Que con un gol de cabeza en el minuto 93’ en Lisboa le devolvió la alegría a un equipo que experimentaba más de una década de sequía. Las dimensiones de ambos van más allá de dos simples entrenador y futbolista. 

El caso de Ramos continúa en el alambre. En los próximos días será develado el destino del defensor andaluz. En el caso de Zidane la suerte está más que echada. Sea cual sea el desenlace y el destino de ambos, el madridismo tiene la alternativa de despedirlos con alfombra roja y la vajilla de plata, o repetir los viejos errores del pasado cuando de la marcha de sus íconos se trata. 

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